sábado, 9 de abril de 2011

finalidad de las cronicas

contar historias o contar una historia de la mejor manera
mas fácil y sencilla posible; para que pueda exponer este tema con fluidez y naturalidad, comprendiendo en su totalidad lo que es.

CRONISTAS QUE SOBRESALIERON EN LA EPOCA DE LA CONQUISTA EN COLOMBIA

Los cronistas españoles han presentado la Conquista de América como un hecho maravilloso, digno de elogio y sucedido en un espacio de tiempo que no tiene parangón con las conquistas realizadas por ningún otro pueblo. Por el contrario, los testimonios de los pueblos indígenas, los cronistas anglosajones y alguno español, han presentado la Conquista de América como un hecho desgraciado, moralmente cuestionable, movido por la ambición de oro, en el que destacan sobre todo la destrucción y desaparición de las culturas de los pueblos originarios como un hecho sin parangón.
Con sentido contrario Fray Bernardino Sahagún dice:
Esto a la letra ha acontecido a estos indios, con los españoles, pues fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes.1
Los historiadores han destacado el corto tiempo en que sucedió la llamada conquista de América por España, poniendo acento también en la catástrofe demográfica en América tras la llegada de los europeos, en el que las enfermedades traídas de Europa jugaron un papel decisivo y que en pocas décadas diezmaron la población indígena. Las enfermedades se movieron aún más rápido que los conquistadores e incluso muchas veces llegaron antes. Ese fue el caso del Imperio inca que, para cuando los conquistadores españoles llegaron, ya había sido diezmado por una epidemia de viruela que además causó la muerte de su emperador Huayna Capac desencadenando una guerra civil.
Por su parte el historiador estadounidense Charles Mann dice que España:
...no habría vencido al Imperio (Azteca) si, mientras Cortés construía las embarcaciones, Tenochtitlán no hubiera sido arrasada por la viruela en la misma pandemia que posteriormente asoló el Tahuantinsuyu... La gran ciudad perdió al menos la tercera parte de población a raíz de la epidemia, incluido Caitlahuac".2
Algo similar hace el cronista Pedro Cieza de León en Crónica del Perú:
Cuando me dispongo a escribir para la gente de hoy y del futuro, acerca de la conquista y descubrimientos hechos aquí en Perú, no puedo más que reflexionar que estoy tratando con uno de los asuntos más grandes de los que uno posiblemente pueda escribir en toda la creación en cuanto respecta a la historia secular. ¿Dónde antes han visto los hombres las cosas que ellos han visto aquí? Y pensar que Dios ha permitido que algo tan grande permaneciese escondido del mundo por un tiempo tan largo, desconocido a los hombres, y después dejado para ser hallado, descubierto y ganado todo en nuestro tiempo!
El mismo Fray Bartolomé de las Casas que consideraba a la Conquista de América como una de las «maravillas» del mundo, la definía también como «la destrucción de las Indias» y la describía del siguiente modo:
En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad.3
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lunes, 4 de abril de 2011

UNA CRÓNICA LÍRICA DE LA CONQUISTA

Una crónica es una obra literaria que narra hechos históricos en orden cronológico. La palabra crónica viene del latín chronica, que a su vez se deriva del griego kronika biblios, es decir, libros que siguen el orden del tiempo. En una crónica los hechos se narran según el orden temporal en que ocurrieron, a menudo por testigos presenciales o contemporáneos, ya sea en primera o en tercera persona.


URSÚA: UNA CRÓNICA LÍRICA DE LA CONQUISTA
Por Mario Suárez Simich *
(Madrid. España)

La invasión, conquista, o como quiera llamársela, del continente americano ("El Nuevo Mundo"), desde el punto de vista militar, fue cualquier cosa menos un hecho épico o heroico. A la hecatombe bacteriológica resultante del primer contacto sufrido por los naturales, le siguió una guerra en donde la diferencia tecnológica inclinó la balanza a favor de los españoles. Hubo a lo sumo, desde la perspectiva europea, momentos de cierta intensidad dramática como la quema de las naves por Hernán Cortés o el episodio de la isla del Gallo de Francisco Pizarro, en donde el aliciente fue la riqueza y no la gloria castrense ni la acción evangelizadora. Los capitanes españoles, educados empíricamente en la doctrinas de Maquiavelo durante las largas y numerosas guerras europeas, supieron encontrar los puntos débiles de las sociedades que encontraron en América y supieron aprovechar sus contradicciones internas para facilitar su labor de conquista y dominio.

Ante la ausencia de "lo épico" se va a generar un discurso narrativo que hoy conocemos como crónicas. Textos en el que se juntan el relato histórico-literario-mítico, la descripción geográfica, las constataciones sociológicas o el inventario natural y espiritual descubiertos en el nuevo continente. Las visiones en ellos reflejados dependen siempre del punto de vista de su autor, ya sea este español, mestizo o indio. Esto convierte a las crónicas en los textos "fundacionales" de la tradición narrativa americana.

A ellas recurre William Ospina para escribir su novela Ursúa publicada a finales de 2005 por Alfaguara en Colombia. Dentro de la tradición literaria Hispanoamérica ha sido una constante el recurrir a las crónicas como género para reformular nuevos discursos poéticos y sobre todo narrativos. La producción de textos que recurren a la narrativa histórica se ha caracterizado por ofrecer ricos y variados puntos de vista del "encuentro" cultural América-Europa que se inicia a partir del llamado "descubrimiento", algunos de ellos, como en las novelas de Abel Posse, cuestionan el sentido historiográfico tradicional a través de un nuevo discurso ficcional. Sobre estas visiones se ha ido desarrollando y consolidando una nueva novelística histórica cuya característica principal es, en palabras de Amalia Pulgarín: